Warhammer

Warhammer

Clasificación y Resultados

jueves, 9 de abril de 2015

Torneo Warhammer. Día 2

Henrik Starksson observaba, sentado en su trono, como el mercader enano abandonaba la estancia y un guardia cerraba la puerta, el retumbar de su eco reverberó por todo el salón de hierro. El señor enano se recostó, apoyandose sobre su puño meditando sobre lo que había escuchado. ¿Una isla que emergía del mar, con una montaña que, muy probablemente, guardaría un enorme tesoro en oro o mithril? Si lo hubiera escuchado de un humano o un elfo o algo así lo habría expulsado de su mina sin contemplaciones, pero confiaba en aquel enano y, además, el interés que parecía tener el Imperio en ese asunto...
-Deberíamos plantearnoslo.
Escuchó la voz de su hermano pequeño Garaghrim, de pie a su lado. Quizá tenía razón, como solía pasar siempre. A pesar de ser el pequeño siempre había destacado por su templanza y su intelecto. Trabajando duramente durante años llegó a ser un importante herrero rúnico, muchas de las armaduras de su guardia personal eran obra suya. Por esa razón actuaba de consejero para el.
-Es arriesgado, no disponemos de muchos recursos.
-Lo es, pero merece la pena. Y si, tenemos recursos para llevarlo a cabo, almenos por ahora.
Le sorpredía que aún fuera así. Su clan llevaba mucho tiempo con lo que muchos decían contantes golpes de mala suerte, hornos que habían estado encendidos durante siglos no calentaban lo suficiente, materiales quebradizos, vetas de minerales que se agotaban repentinamente, deudas a otros clanes que se acumulaban hasta cifras que ya ni recordaba, constantes ataques de orcos... Aunque estos últimos se contentaban en atacar caravanas de suministros o comerciales, o algun que otro grupo de exploradores, eran un dolor de cabeza constante. Su raza parecía estar maldita, en una caída inexorable hacia la desparición total.
-Es lo que nos podría salvar hermano. Los humanos no sabrán explotar la mina, nos necesitaran para ello y nos pagarán una fortuna en cuanto lo entiendan.
Garaghrim estaba en lo cierto, podrían montar una colonia minera, y colaborando con los imperiales llegaría a ser un puerto comercial.
-Debe hacerse rápido, no quiero dejar nuestro hogar mucho tiempo con poca protección.
-Funcionará Henrik, alquilaremos un barco de vapor en Varak-Var. Además, los orcos no se atreven a asaltar nuestras puertas, son demasiado resistentes y las defensas demasiado fuertes para ellos.- su hermano sonrió y apretó su hombro con una mano fuerte y firme.
-Debe funcionar.
Henrik suspiró, pero no pudo devolverle la sonrisa.
............
Gloftang se levantó de la piedra donde estaba sentado, en una mano llevaba un goblin sujeto por el cuello, que pataleaba y se sacudía nerviosamente. El orco le miró directamente a la cara con unos ojos pequeños, hoscos y brutales, y con la otra mano libre le agarró de los tobillos y estiró con fuerza, con la intención de que se mantuviera lo mas tieso posible, algo en el pequeño cuerpo del pielverde crujió siendo acompañado de un leve gemido. Gloftang echó el brazo con el que sujetaba al goblin por los tobillos hacia atras, tomando un buen impulso, y lo lanzó con fuerza hacia una pared de piedras que se encontraba a unos 30 metros. El goblin describió una trayectoria recta hasta impactar contra la pared, a una velocidad pasmosa, y, al chocar, su cabeza se rompió en un estallido de sangre y trozos de craneo, dejando una enorme mancha roja en la roca, parecida a otras mas pequeñas que había cerca. Inmediatamente, el grupo de orcos que acompañaba al Kaudillo, se alzó vociferando y golpeandose el pecho, por lo visto su jefe había superado el record. Gloftang volvió a sentarse en la roca a esperar su próximo turno, emitiendo un gruñido de descontento. El orco se sentía triste, desde hacía un tiempo su vida se limitaba a esas pequeñas competiciones, sus chicoz y el ya no luchaban contra ejercitos ni peleaban entre ellos, su autoridad ya había quedado mas que clara, asique nadie se atrevía a retarle. En mas de un ocasión había pensado en atacar esa mina enana, pero sabia que no tenía guerreros suficientes, inexplicablemente habían dejado de acudir a su pequeño Waaaaagh, estancandose en poder, parecía que no habían mas pielesverdes en la región. Aunque pensandolo en ese momento, quizá seria mas divertido estamparse contra enanos que esa estupidez que estaban haciendo. Mientras el orco meditaba, con un gesto de profunda concentración, cerrando los ojos con mucha mucha fuerza y apretando los labios, un goblin llegó corriendo hasta el, medio ahogado de cansancio. Gloftang, cuando se percató, lo agarró del cuello pensando que volvía a ser su turno, pero vio que negaba con la cabeza desesperadamente y le hacía gestos para hablar, asi que lo dejó caer a plomo contra el suelo.
-¡Jefe jefe! Loz taponez zalen de zuz cazaz. Muchoz. Hacia el agua.
Tardó unos segundos, pero Gloftang lo entendió, abrió los ojos de par en par y empezó a vociferar ordenes.
-¡Vamoz muchachoz, tenemos retacos para matar! Ya estaiz empezando a correr zi no kereiz ke empieze a romper cabezaz.
Mientras gritaba sacó sus armas y le propinó un puntapié al goblin que lo mandó volando por encima de la pared de piedras. Veía como sus chicos volvían a ser los de siempre, el mismo volvía a sentirse vivo, perseguiría a lo enanos, los machacaría y seguría a por sus siguientes víctimas y ya no pararía, atrayendo a un monton de orcos y formaría un enorme Waaaaagh, aunque tuviera que robar barcos para seguirles, por Gorko que lo haría.

No hay comentarios:

Publicar un comentario