sábado, 18 de abril de 2015
Torneo Warhammer. Día 5
Los enanos avanzaban por el bosque con precaución, tras vencer a los orcos, se habían adentrado en la espesura de la isla y, ahora, los exploradores habían informado a Henrik de que habían avistado un reguero de cadáveres skaven, esparcidos hasta llegar a la entrada de la cueva donde se dirigían.
Aquello no presagiaba nada bueno, siempre que los hombres rata se inmiscuían nunca indicaba nada bueno.
-¡Atentos soldados, en formación!- rugió el señor enano, para que su poderosa voz se hiciera escuchar por todos los enanos.- entraremos en esa cueva y echaremos de ahí lo que sea que se esconda.
Esperaba contar con las fuerzas suficientes para otra batalla, cuando salieron de su karaz no esperaba encontrar tanta hostilidad en la isla ni tardar tanto en llegar a su objetivo, a cada momento que pasaba le gustaba menos aquella misión.
..............
-Mi señor, enanos infieles avanzan hacia la cueva-informaba el necrofago, inclinándose todo lo posible, hablando con un tono servicial y sometido- pero parece que aun no se han percatado de nuestra presencia...-añadió como aclaración final, esperando que con aquello bastara para que el vampiro controlase su furia.
Reaccionó como la criatura imaginaba, Stephan se volvió, como una centella, mostrando sus colmillos en un gesto amenazante. En esos momentos detestaba toda compañía y cualquier interrupción a sus pensamientos de rencor y malestar le irritaba profundamente.
-Son enanos, siempre se huelen algo los malditos.- gruño entre dientes, a modo de recriminación.- ¡Dioses!¿No van a dejarme ni un momento de paz?
El necrófago se encogió aún mas, esperando ordenes y deseando no acabar descuartizado, no sería el primero en acabar así durante el viaje.
-¡Vamos, inútil, tomad posiciones! Acabad con cualquiera que se atreva a poner un pie, que no quede nadie con vida. Si tengo que intervenir os mataré a todos. No me molestéis mas.
El vampiro le dio la espalda sin esperar respuesta y, a paso acelerado, fue adentrándose en la cueva, seguido de su capa ondeando tras de si. Aun así, tubo tiempo de dedicarle una mirada asesina a a nigromante, el cual solo reaccionó con un asentimiento de cabeza.
El deseo de Stephan era unicamente acabar con esa sensación de perpetuo desasosiego.
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